-Abuelunga, ¿quieres escuchar este rap?
-Quita, mijo, quita. ¿Quién te enseñó a escuchar esas porquerías y guarradas?
-¿Guarradas, abue? No me sea tan retrógrada.
-Qué retrogrado ni retrograda. Pero anda, Ramoncín, ¿qué dice el rap ese, que en gringo mi no entender?
-Pues habla de lo que hacen los negritos de aquel lado... Ya sabe, abue, pegan tiros, mueven droga y cuando tienen tiempo libre caen a los putiferios donde traen muertas a todas las putitas.
-Muertas muertas las tendrán los condenados. Pero anda mostrenco, tarareame una cancioncilla de esas, para que no me quede con las ganas.
-Híjole abue, no creo que pueda.
-¿No se puede tararear?
-No jefecilla, amenos que te la cante.
-Pus haber, cántala... pero no en gringo... en español, pa' que te de verguenza de oirte, mijo.
-Pus ahí le va, ojo al radio cúbito:
"Uno pal cerro, ocho pal maton
Siete pa tu muerte porque el sur es el mas chingon
No dejo de cargar mi fusca
Donde quiera que yo voy, porque me quieren quebrar"
-Peráte ahí, mijo. ¿Pero quién te va querer quebrar, mocosillo? Como mucho te querran robar ese telefonillo que te compraste con el dinero que ganaste sirviendo mesas como negro... -que es lo único que haz hecho como negro, a menos de que también te hayas guardado un poquito de numerario pa' las chiquitas del congal-. Pero anda, niño... ¿no te da verguenza cantar esas mamadas?
-Pues un poco, abue, pero no es para cantarse así como la canto yo.
-¿Y entonces?
-Pues no sé. Es como para oírla.
-Mi niño, una música que no se canta... vade retro Satanás. ¿No te das cuenta, nieto de las entrañas, malparidillo, que lo que están haciendo es ponerte una mordacill en esa boquita tuya? Que no ves que estas músicas de rap o rop y las que les siguen detrás que es puro ruidillo que para que las niñitas muevan sus teticas y culillos al son de las discotecos y las barras libres -eso sí, con el numerario por delante-, cuando podrían moverlos, enseñarlas y dejar que se las soben -y sobar, ¿cómo no?- de a gratis, sin música rimbobante... y hasta, quién sabe... cantando. Sacando de esos pechitos lo único gratuito que tienen que es la vocecilla... Pero no para cantar a esta ingratitud reinante y que, vien mirado, sólo puede dar vergüenza. Sino cantar cosas que se sienten por abajo y por arriba, con gusto o con rabia...
-Ay, abue Nieves, ¿uste que va a saber de música?
-"Quien canta su mal espanta", niñato baboso, así que alá, a volar pajarillo que yo sé que lo que escuchas te entra por un oído y te sale por el otro... como esas canciones... -porque si pararas en mientes en lo que dicen, caérsete la cara de verguenza habría de- así que alá, fuera de aquí con esos negritos, que mejor estában en su jungla y quehaceres neolíticos -ya imaginarás tú la envidia que me corroe- a estar cantando esas cancioncitas, haciendo las delicias del régimen este que tenemos sobre las cabezas.
-Bueno, bueno, agüela, no se me enoje. ¿Qué quiere que cantemos, o qué?
-Saca tu guitarrita y cántame una que me haga llorar, que me haga sentir de verás otra vez lo que de verás es música... que cuando cojes esa guitarrita se me antoja que escucho los pájaros del jardín y que nada más me podría pasar que fuera más bueno...
-Ora pues, abue.
-Cántame esa de...
Déjame que te cuente limeña...
déjame que te diga la gloria...
1.9.08
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